Pistimpanipistipi

Dentro de un Mini gris, con techo negro,
las casas y las calles parecen correr rápidas.
Contraventanas verdes, árboles que pasan,
rostros difuminados,
y los ojos maquillados de mi madre,
que brillan, al final de los años setenta.

La larga trenza de mi hermana baila con el viento,
la voz de mi hermano, una risa ligera,
canta y juega con la más chiqui,
como si el tiempo fuera solo un juego.

Mi padre, en el semáforo, aprieta el volante: la bilis sube,
primera… segunda… y partimos hacia el Politeama.
La arancina arde: —¡Y tú sopla!—
Luego, en Plaza Croci, los dedos se tiñen del rojo de los higos chumbos.

Desde lo profundo de mi ser, una música brota…
Pistimpanipistipí, Pistimpanipistipí…

Losas de piedra, fuentes, Villa Giulia.
Mi padre es la voz de los lugares: conoce cada rincón, cada historia callada.
Lo seguimos con ojos hambrientos,
recogiendo el mundo un fragmento a la vez.
En la cima de Monte Pellegrino, una Estrella vela…
Y el auto avanza…

Pistimpanipistipí,Pistimpanipistipí…


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